lunes, 13 de noviembre de 2017

RIO VAL

Con amenaza de lluvia y tras abortar la ruta prevista para este fin de semana por el hayedo de las faldas del Moncayo en la frontera con Aragón, (ya que los usufructuarios de los derechos de caza habían previsto desarrollar su actividad en el mismo espacio y tiempo que pensábamos visitar el paraje), Ángel “nuevamente” indaga y descubre que nuestra salud puede correr un grave riesgo y por ello cambiando la ruta nos dirigimos a Agreda “Villa de las tres culturas” a visitar el barranco del Val.

            Tras pasar por el centro del pueblo nos dirigimos al barrio moro y junto al Palacio de los Castejones dejamos los vehículos e iniciamos la ruta, el valle que forma el rio Val que recoge las aguas que el Moncayo desde la zona de La Cueva que vierte parcialmente agua al Riotuerto en la cuenca del Duero y por este barranco al Ebro, recogiendo el agua del manantial de los ojillos, en la Dehesa de Agreda y  que luego junto al Queiles aportan gran caudal a las vegas que riegan las huertas de Aragón, de ahí el dicho popular “Moncayo ladrón, manas en Castilla y riegas en Aragón”.
La vega deja huertas con tierra muy fértil que junto a la orografía y temperatura produce hortaliza de alta calidad, destacando el “Cardo rojo de Agreda” que es de una variedad propia y cuyo cultivo sembrado en mayo y tapado con tierra en “Los Santos” hacen que para Navidad sea un producto de especial valor gastronómico, nos admira la cantidad de tierra con la que se cubre el cardo “Al menos metro y medio” lo que nos hace pensar el trabajo que esto lleva y nos admira que todavía este trabajo manual sigue realizándose en la zona. Los Agredeños dicen que su cardo puede comerse crudo, en ensalada rizándose especialmente. Otro producto de gran calidad en esta huerta es la patata que fríe muy bien.

Existe paseo a las huertas cuyos riegos y bancales son herencia de los asentamientos árabes en la villa indicada en la misma ruta que realizamos.

Iniciamos la ruta por la parte baja del barrio moro y pasando por parte de las citadas huertas, dejamos el arco califal a la izquierda y poco a poco dejamos la Villa y admiramos su fortificación natural, con su torreón en la muela del barrio moro, las rocas que soportan el edificio de la antigua Residencia de los Milagros y que sirvieron de fortificación natural en otra época, cerca de ella la Sinagoga Judía, y la gran cantidad de Iglesias que levantaron sus moradores siempre fieles a la corona de Castilla pero frontera y con los Reinos de Aragón y  Navarra, siendo además zona de paso necesario para pasar a la meseta, por lo que la Villa ha sido escenario de la firma de acuerdos y ha disfrutado de distintos fueros como premio a sus servicios.
Adentrándonos en el cañón, donde se pueden observar los pliegues de las distintas formaciones geológicas, con lastras  de pizarra empotradas en otras muy calizas fácilmente erosionables, zonas donde nos encontramos con piritas a la vista en el camino.
El paseo resulta agradable y avistamos diversa flora que Alberto nos explica, ayudándonos a comprender la naturaleza que nos rodea. 
También avistamos Buitres y grullas en caprichosas formaciones y su ruido característico. 
Así nos acercamos a la depuradora cuyo olor delata su actividad, podemos observar como el rio tras la aportación de las aguas residuales se encuentra muy muy sucia, gris, espumosa, olorosa, y aunque parece ser que en la prensa han informado de una avería en la depuradora, en otros medios se dice
que es pequeña para los municipios de Ólvega y Agreda y que las aportaciones de residuos industriales dificultan considerablemente el trabajo de las bacterias en su labor depuradora.
Seguimos por el camino que perfectamente indicado y acondicionado nos lleva por la ribera en parajes con unos chopos autóctonos que Alberto nos explica y distintas estampas formadas por la erosión de las calizas y las decantaciones de las riadas con parajes llenos de colorido y alfombras de hojas pardorojizas. Así llegamos a las cascadas y poza de las truchas, que esperamos hayan podido emigrar a otra parte del rio menos contaminada, ya que difícilmente puede existir vida acuática en este medio tan gris y oloroso.

Al llegar a la poza de las truchas y disfrutar del paisaje nos retiramos un poco para dar cuenta del almuerzo y que nos resulte menos desagradable, damos cuenta de nuestras frutas y otros alimentos más energéticos. Tras la tertulia correspondiente comenzamos la vuelta deshaciendo el camino sin que los impermeables hayan sido necesarios.

Al regresar al municipio nos dirigimos al arco califal con sesiones de fotos y tras ellas aparecen las nubes y el correspondiente chaparrón que nos pilla ya en los coches dirigiéndonos al hostal Doña Juana, donde tras el correspondiente refrigerio unos volvemos a casa y otros visitan el  convento de la Concepción que es un convento de clausura monástica de las Madres Concepcionistas situado en la villa, que ella misma convirtió en convento y donde se alberga el Museo Sor María Jesús de Ágreda.

José Antonio Martínez
Soria 4 de  Noviembre de 2017

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